viernes, 15 de enero de 2010

Simple dialogo con mi soledad.

-¿Tenés todo preparado?
-Cenicero, si; mate, si; algo para comer, algo.
-¿Nervios?
-Con voluntad y una medida de estoicismo vamos a pasarla bien.
-¿Es agotante la ansieda, no?
-Estoy algo ansioso, pero mas que ansias es entusiasmo por derribar mi defecto. Las ansias pueden venir contaminadas con malos espiritus como dolor y soledad, en cambio los entusiastas son personas que disfrutan la espera.
-¿Disfrutas este momento?
-En cierto modo trato de superarme y me reconforta vencerme a mi mismo, más aún si es de noche.
-¿Que tiene la noche que no tenga el día?
-Originalidad, inspiracion, alcohol, clonazepam no, no.
-¿Y que esperas con entusiasmo esta noche?
-Dormir, descansar y romper el miedo por la mañana, asi estamos todos felices.
-¿Todos?
-Sí, supongo, en realidad no todos, mis expectativas son depresivas pero revirtamos la rutina.
-¿Empezamos ahora, te parece?
-Dejame descansar un poco. Vos me vas a acompañar toda la noche. Asi que sigamos dando lástima mas tarde. Voy a acostarme, trata de no seguirme.
-Toda la noche te voy a perseguir.

jueves, 14 de enero de 2010

Grecia como sinonimo de amor

Cuando el sueño del padre y un hijo torpe caen sobre tierras Ícaras se llama la atención de una metáfora a la sensación de armonia con el corazon y la sangre. El vuelo se lanza con promesas y esperanzas de llegar al paraíso, con alas bordadas con aleaciones de humo y oro, y las mas pequeñas plumas adheridas con grasa y cera. La ironía de querer llegar mas arriba o asumir al máximo el deber de amar, redobla como un chasco al querer llegar al paraíso sin saber que hay que atravesar el sol. Pude (y tengo el orgullo de decirlo) llegar al paraiso y no quemarme mis alas, pude encontrar a los ángeles tocar violas y llegue a ver al mismo dios que tanto admiro y adoro. En cuanto mas enamorado me sentía mas me dolían las alas y la grasa quemaba mis tobillos. En medio de la fuga de la realidad al erotismo cai en aguas jónicas y me ahogué y morí.
Cai en el mar con los tobillos destruidos, las alas ardiendo y el corazón en completa detención.
El vuelo de Ícaro retomo su rumbo otra vez, sin padre arquitecto.